Llano
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Gabriel Maldonado
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Muchas veces estuve cerca del llano. Primero hay que decir que Venezuela tiene muchos estados con llanuras y pueblos que se dedican a la ganadería, a la cría de caballos y a las cosechas.
Cuando agarras la Troncal 5 y sales de San Cristóbal, empiezas a ver cómo, poco a poco, todo se va volviendo llano; las montañas se van alejando de ti y el clima se vuelve más caluroso. Por la vía hay muchos ríos y restaurantes de carne en vara. También ves puestos de gente vendiendo papelón con limón. Después de pasar pueblos como Santo Domingo, La Pedrera y Socopó, llegas a Barinas. También puedes desviarte por la 19 y seguir hacia Guasdualito, que muchos recordarán hoy en día por un meme.
Me bañé varias veces en ríos cerca de puentes de guerra y también en algunos cercanos a fincas de conocidos. Recuerdo con intensidad que, cuando recorría estas carreteras, miraba hacia los lados y prestaba atención a la llanura: me parecía infinita.
Siempre tuve mucho miedo de quedarme en algún sitio rodeado de llanura. Pensaba en aquella historia del Silbón, que escuché por primera vez cuando tenía nueve años. El llano se relaciona mucho con este tipo de historias; entonces, cuando viajaba por esos lugares, durante mucho tiempo era inevitable pensar en ellas.
Pero quería escribir sobre el llano porque siento que es algo que nos identifica a muchos como venezolanos (o tal vez no). Siento que cuando escuchamos una canción llanera, nuestra sangre hierve. Por más que no las escuchemos tan seguido, varias nos conocemos y hasta hacemos algunos pasos de baile. Y doy por hecho que cuando suenan, se evocan memorias llenas de cervezas, de parrillas, memorias de ríos y calor, de fuegos. Llega como una ráfaga de viento eso que somos… Venezuela
«Si mi querencia es el monte
y mi fuerza, un cimarrón,
¿cómo no quieres que cante?
¿Cómo no quieres que cante
como canta un corazón?»
Mi querencia, Simón Díaz.
Escritor venezolano y autor de dos libros: Un Verano (2020), bajo el seudónimo de Sebastian Clark, y Otoño in October (2023), bajo el seudónimo de Berenice. Como Cronista de Memoria en Caracas Merch, escribe desde la diáspora sobre identidad venezolana, melancolía y memoria colectiva.




