La historia
Cómo una palabra cambió de bando
En Venezuela, boleta era la manera de decir que alguien se pasaba: muy alto, muy brillante, muy de la calle. Se decía con el ceño fruncido.
Nosotros crecimos oyéndola y nunca nos sonó a defecto. Nos sonó a personalidad. Eso pasa con las palabras cuando la gente decide quedárselas.
Somos los primeros en ponerla en ropa y sacarla del país. Hoy hay gente en Madrid, Miami y Berlín usando una palabra que ni sabe pronunciar, y está perfecto.
Nos quedamos con la palabra.





